Probióticos

Autor del artículo: Prof. Doctor en Ciencias Naturales Catarina Horák, DrSc.


Los probióticos y el sistema inmunológico

Para muchas personas es común tener problemas en la digestión: vientre hinchado o pesado, estreñimiento o diarrea, gases, retortijones y otras molestias generales. Todo esto va frecuentemente acompañado de fatiga, pérdida de concentración, y un profundo malestar psicológico. La mayoría de las personas no cree que estos problemas estén directamente conectados con la composición de la microflora intestinal. Si el balance de ésta se ve alterado debido a un estilo de vida no saludable, puede haber consecuencias perjudiciales para la salud a largo plazo.

El continuo y dañino impacto de varios factores de riesgo en el organismo humano, y su contribución a las enfermedades ha iniciado la búsqueda de un medio efectivo y de fácil alcance para proteger la salud. Actualmente hay pruebas de que las bacterias probióticas “amigables” son de ayuda efectiva a este respecto. Necesitamos de ellas, especialmente hoy en día, porque nuestro estilo de vida no saludable hace necesario fortalecer el sistema inmunitario para prevenir la aparición y desarrollo de varias enfermedades “modernas”.

Las bacterias probióticas lácticas (lactobacillus y bifidobacterias) de yogures o del chucrut se instalan en las paredes del colon y producen ácido láctico y diferentes ácidos orgánicos. Con su ayuda las bacterias patógenas y causantes de putrefacción mueren y de esta manera, la mucosa intestinal está especialmente protegida de los ataques de otras bacterias agresivas; como ellas cuidan el funcionamiento saludable de los intestinos, fortalecen directamente el sistema inmunitario, ya que las células inmunes se forman en los intestinos y la mayor parte del trabajo del sistema inmunitario se lleva a cabo en las paredes de los intestinos.

Los probióticos y el sistema inmunológico

El tracto digestivo también juega un papel importante en los mecanismos de defensa del cuerpo. Sin embargo, debido al desconocimiento, su rol es a menudo subestimado. Los intestinos no son solo responsables de la digestión de la comida, sino que también cumplen otras importantes funciones. Son los intestinos los que juegan un rol importante cuando se debe formar una real línea de defensa contra las influencias externas. La función defensiva de los intestinos proviene de la microflora intestinal, la muscosa intestinal y el sistema inmunológico intestinal.
Los probióticos inhiben el crecimiento o matan los microorganismos indeseables y dañinos presentes en los intestinos:

  • produciendo sustancias bacteriostáticas y bactericidas

  • compitiendo con ellos por nutrientes (sustancias nutricionales, vitaminas, factores de crecimiento)

  • produciendo ácido láctico y de este modo, bajando el pH intestinal (lo cual tiene un impacto directo en los microorganismos patogénicos y potencialmente patogénicos).

De esta manera, los probióticos aseguran una protección contra un amplio espectro de patógenos intestinales, como las bacterias de los géneros Salmonella, Shigella y otras bacterias potencialmente patogénicas, como la Clostridium, la Helicobacter o la levadura Candida Albicans.
Los probióticos mantienen la correcta composición de la microflora intestinal y de esta manera contribuyen a manener una condición apropiada y balanceada de la mucosa y, consecuentemente, de todo el sistema inmunológico. Aproximadamente 70% del sistema inmunológico se encuentra en los intestinos; por eso, el contacto con microorganismos dañinos en esta área puede crear una fuerte inflamación. La retención de células inmunes en el punto de inflamación tiene que ser cuidadosamente controlada para prevenir que surja alguna enfermedad. Las bacterias probioticas tienen un efecto positivo porque regulan la migración de células inmunes hacia algún punto de inflamación. Así es como los probióticos nos protegen de un desbalance que puede llevar a desórdenes de intolerancia y que contribuye a las alergias y enfermedades relacionadas con la autoinmunidad.

Las bacterias intestinales y su rol

Los probióticos y el sistema inmunológico

Los intestinos son un medio único porque ofrecen lugar para vivir para una gran cantidad de bacterias, muchas de las cuales no necesitan aire para sobrevivir. Ellas conforman la llamada microflora intestinal. De acuerdo a su impacto en el organismo humano, las bacterias intestinales pueden ser divididas en dos grupos. Algunas tienen un efecto positivo en el cuerpo humano, por lo que las llamanos bacterias “beneficiosas”; otras, al contrario, tienen un efecto indeseable o incluso perjudicial. Las bacterias “perjudiciales” producen sustancias tóxicas, las cuales pueden causar enfermedades prolongadas y pueden dañar permanentemente el cuerpo. Las bacterias beneficiosas (llamadas probióticas) tienen un impacto favorable en el equilibrio de la flora intestinal; ellas previenen el crecimiento excesivo de las bacterias perjudiciales, mejoran la digestión, fortalecen el sistema inmunitario y mejoran la resistencia a las infecciones.

Las bacterias intestinales beneficiosas son las que descompone los azúcares complejos en cetonas, las cuales son buenas porque:

  • tienen un impacto positivo en el pH intestinal

  • pueden inhibir el crecimiento de las bacterias perjudiciales

  • producen vitamina B y K

  • aumenta el riego sanguíneo en la mucosa intestinal

  • ayudan a descomponer restos de comida no absorbidos

  • disminuyen el riesgo de cáncer.

Por todo lo que hemos dicho, vemos que es necesario ver la microflora intestinal como un “microcosmos separado”, el cual es capaz de realizar varias actividades beneficiosas para nuestra salud. Sin embargo, si no hay un equilibrio de los diferentes tipos de bacterias beneficiosas para nuestra salud en el colon, el medio en el colon cambia y esto puede ser el comienzo de una situación potencialmente dañina. Aparecen diferentes problemas digestivos (gases, retortijones, excesiva acidez, vientre hinchado, estreñimiento, diarrea, etc.) los cuales pueden derivar en serias enfermedades como inflamación de los intestinos, colitis ulcerativa, alergias, cáncer de intestino, etc.


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Desequilibrio en la microflora intestinal

El tracto digestivo de un adulto es el hogar para un extraordinaria diversidad de ecosistemas de microbios, el albergue de casi 500 diferentes tipos de bacterias. El apropiado funcionamiento y equilibrio de la microflora intestinal puede ser perturbado de diferentes maneras por:

  • las bacterias intestinales, que facilitan la putrefacción de las comidas que pueden descomponerse (carne, carnes ahumadas, casquerías o menudencias, huevos o huevos parcialmente descompuestos)

  • infecciones, como por ejemplo la Helicobacter pylori

  • un cambio en los hábitos alimenticios

  • una cantidad insuficiente de fibra en la comida

  • estrés

  • alcohol

  • antibióticos (usados para tratar enfermedades infecciosas)

  • citostáticos (drogas anticancerígenas)

  • inmunodepresivos (medicación usada para reprimir el sistema inmunológico).

Los probióticos brindan protección

Los probióticos y el sistema inmunológico

Un equilibrio perturbado puede ser reajustado por bacterias beneficiosas, es decir, por bacterias lácticas, a las cuales también llamamos probióticos. Éstos tienen un efecto beneficioso en la composición de la microflora intestinal. Con su ayuda, el cuerpo humano mejora su capacidad de utilizar vitaminas, calcio o lactosa. Los probióticos también mejoran el riego sanguíneo y el movimiento dentro de los intestinos (peristalsis); tienen un efecto positivo en el sistema inmunitario y en la producción de vitaminas K y B12. Los probióticos disminuyen el riesgo de infecciones en el tracto digestivo y contribuyen al proceso de digestión al hacer algunos ingredientes de las comidas más digeribles, protegiendo así nuestra salud.

Los probióticos están presentes de forma natural en algunas comidas. Las bacterias lácticas, más comúnmente usadas como probióticos, son las Streptococcus thermopilus, las bífidobacterias (Bifidobacterium lactis, Bifidobacterium longum, Bifidobacterium breve) y lactobacilli (Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus rahmnosus, Lactobacillus bulgaricus, etc.). Estas útiles bacterias lácticas están mayormente presentes en productos de leche fermentada. Yogures blancos naturales, leche acidófila, kéfir, requesón con cultivos lácticos vivos, y también en el chucrut sin esterilizar, pepinillos en vinagre, etc., son solo algunos ejemplos de productos hechos a base de leche y verduras fermentadas, que tienen propiedades curativas.

La ingesta de probióticos (pastillas probióticas)

Actualmente existe ya un número de maneras de incrementar las útiles bacterias probióticas en los intestinos: hay muchos suplementos nutricionales concentrados de primera clase. Es importante que las bacterias vivas estén protegidas dentro de una cápsula enterosolvente que resista la acidez del estómago y que también asegure su supervivencia luego de pasar por él. De esta forma, estas bacterias pueden llegar ilesas a los intestinos delgado y grueso, donde, al menos temporalmente, se instalan en el tracto digestivo. Las bacterias probióticas se encuentran en forma liofilizada en las cápsulas. La liofilización es un proceso de secado, por el cual la materia prima es primero congelada y luego, por sublimación, el hielo es removido, transformándose en vapor sin pasar por el estado líquido. El resultado de este soberbio proceso tecnológico es un polvo bacterial 100% natural. El producto es muy ligero y tiene una extraordinaria pureza microbiológica. El proceso no cambia las características morfológicas y bioquímicas originales de las bacterias y éstas permanecen viables por algunos años. Luego de que la capa protectora de la cápsula sea desintegrada por las enzimas digestivas en el intestino, las bacterias, secas y liofilizadas, se liberan, absorbiendo del medio la humedad que habían perdido durante el proceso, y empiezan a multiplicarse. La mejor nutrición para ellas son los llamados prebióticos, los cuales, en forma de suplementos nutricionales de alta calidad, vienen ya incluidos en las cápsulas.

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  • una mezcla balanceada de 8 importantes variedades de bacterias intestinales

  • un mínimo de 4 billones de células en forma liofilizada (congelada y seca)

  • nutrición para las bacterias útiles.

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Los prebióticos: alimentos para los probióticos

A la par que la vida progresa, la composición de la microflora intestinal sufre cambios marcados y significativos. Varios estudios recalcan el hecho de que la nutrición y la edad son los elementos más importantes que influyen en la composición de las bacterias en la microflora intestinal de un individuo. Debido a una alteración e insuficiente cantidad de fibra en los alimentos (o por la edad avanzada) las bacterias probióticas pueden desaparecer completamente. Además, el número de bacterias patogénicas de los tipos enterococci, enterobacteria y clostridium aumenta. Esto puede llevar al crecimiento de patógenos y toxinas, cánceres y desórdenes en el hígado.

Para que las bacterias probióticas puedan vivir y multiplicarse de una manera óptima en los intestinos, necesitan materia no digerible en los alimentos, es decir, fibra, la cual influye favorable y selectivamente en su crecimiento. Para que esta sustancia se pueda considerar prebiótica, es necesario que cumpla los siguientes criterios:

  • ser resistente a los ácidos y enzimas estomacales en el tracto digestivo

  • que pueda ser digerida y descompuesta por las bacterias intestinales “buenas”

  • ser capaz de estimular selectivamente el crecimiento o actividad solamente de las bacterias intestinales “buenas” que tienen un impacto beneficioso en la salud.

Los criterios antes mencionados sólo son cumplidos por algunos oligosacáridos indigeribles que tienen diferentes orígenes. Para los seres humanos, la leche materna es una fuente primera del mejor prebiótico. Un litro de leche materna contiene más de 15 gramos de oligosacáridos indigeribles. Los prebióticos también están presentes de manera natural en los vegetales. Uno de los prebióticos más útiles es la inulina, y una de las mejores fuentes de inulina es la raíz de achicoria. Otra fuente donde puede encontrarse es la alcachofa cuando es comida en ensalada, pero la fuente más rica es la raíz de la achicoria común (Cichorium intybus). Sus propiedades curativas se conocen desde los inicios de la era moderna.

Todos los prebióticos comerciales actuales son polisacáridos u oligosacáridos. Diez estudios hechos en humanos han documentado que la más marcada eficiencia fue lograda por los fructooligosacáridos (FOS). Después de tomar de 1 a 20 g de FOS diariamente hubo un aumento diez veces mayor en el crecimiento de bífidobacterias. Por eso, en la actualidad, se añaden fructooligosacáridos (FOS), como prebióticos, en los alimentos para humanos y para animales.


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La necesidad de tomar probióticos regularmente

¿Cuál es la diferencia entre las bacterias comunes de la flora intestinal y las bacterias probióticas? Las bacterias intestinales viven mucho tiempo en el tracto digestivo y tienen la habilidad de multiplicarse en él. Los probióticos son bacterias vivas que permaneces en el tracto digestivo sólo temporalmente, realizan un buen trabajo allí, pero no son capaz de vivir en él por mucho tiempo. Esto explica por qué es necesario usar probióticos a largo plazo para ver un efecto positivo. Las más comunes son algunas de las muy beneficiosas bacterias de la fermentación láctica, como la bifidubacterium y lactobacillus. Los probióticos también se añaden en los llamados alimentos funcionales. Cultivos puros pueden también ser administrados en forma de cápsulas, pastillas o jarabes.

Tomar probióticos (pastillas probióticas). Los probióticos tienen que ser consumidos en una presentación que les permita sobrevivir al viaje a través del estómago (y los efectos de la bilis presente eventualmente en el estómago), para que puedan llevar a cabo su tarea benéfica en los intestinos grueso y delgado.

Actualmente hay ya disponibles muchas maneras de reponer las bacterias probióticas beneficiosas en los intestinos, en la forma de suplementos nutricionales de alta calidad (en forma concentrada y contenida en cápsulas). Aparte de la esencial capacidad para sobrevivir al viaje a través del estómago y el intestino delgado, e incluso temporalmente alojarse en el tracto digestivo, la composición de las bacterias vivas es importante. Por eso, las bacterias probióticas en la cápsula son liofilizadas es decir, secadas y congeladas. Esta presentación es el resultado de un proceso de secado donde la materia prima primero es congelada, y luego el hielo es removido por sublimación. El hielo es transformado directamente en vapor, saltándose el estado líquido. Esta innovada tecnología produce un polvo bacterial 100% natural. El producto es muy ligero y extraordinariamente puro a nivel microbiológico. Sin embargo, las propiedades morfológicas y bioquímicas originales se conservan y las bacterias permanecen viable incluso después de algunos años. Después de que las enzimas digestivas en el intestino destruyan la envoltura de la cápsula, las bacterias secas y liofilizadas son liberadas. Gradualmente, éstas absorben el líquido perdido durante el proceso de secado, del medio donde se encuentran y empiezan a multiplicarse. El más beneficioso tipo de comida para ellas son las llamadas FOS (fructooligosacáridos), prebióticos, los cuales, en suplementos nutricionales de alta calidad, son añadidos también en las cápsulas.

Una apropiada selección de cultivos probióticos, que además sean capaces de sobrevivir al viaje hacia los intestinos, pueden prevenir que surja algún problema digestivo y enfermedades “modernas” graves.

Los probióticos y los niños

Los probióticos y el sistema inmunológico

Mucha gente ya ha experimentado el efecto positivo de los probióticos al notar moderación y menor duración de ciertas enfermedades. Pero es necesario recalcar que su mayor importancia reside en su efecto preventivo, especialmente para los niños. Está ya comprobado que la composición de la dieta durante la infancia es un factor muy importante para el desarrollo saludable de los niños. Desde este punto de vista, la leche materna es única y no puede ser sustituida por nada que se le compare; además, tiene una gran influencia en la composición de la flora intestinal. Las investigaciónes han mostrado que los bebés que fueron alimentados con leche materna tienen una considerablemente más alta cantidad de bacterias probióticas, sobre todo del tipo lactobacillus, que los niños alimentados con fórmulas sustitutivas. Este hecho estaba directamente relacionado con la frecuencia de la diarrea en los bebés, que era mucho menos corriente en los bebés alimentados con leche materna. Posteriormente, se encontró que la alimentación con leche materna, y por lo tanto la presencia de más bacterias probióticas, ayuda a prevenir la incidencia de la enfermedad de Chron en los niños.

Los niños que son alimentados con fórmulas sustitutivas de la leche materna tienen la misma composición de la flora intestinal que los adultos; sin embargo, en los niños el riesgo de alergias o infecciones es mayor. Investigaciones a largo plazo han confirmado que cuando a estos niños se les dio probióticos con su comida regular, sus alergias cutáneas y a los alimentos desaparecieron.

Los probióticos también juegan un papel importante cuando los niños van creciendo y entran en contacto con bacterias con estructuras patógenas nuevas para ellos. En el jardín de infancia, y posteriormente en la escuela primaria, los niños son atacados por bacterias para las cuales sus cuerpos no están preparados. Por eso, es necesario proporcionarles la cantidad óptima de bacterias beneficiosas. Los probióticos forman una continua capa protectora en la mucosa intestinal y de esta manera previenen la colonización de los intestinos de parte de microorganismos patogénicos y su excesivo crecimiento.
Entre los efectos positivos de las bacterias probióticas en los niños encontramos que:

  • mejoran la absorción de minerales y vitaminas de los alimentos

  • mejoran la absorción de calcio para los huesos, el cual contribuye a un crecimiento saludable

  • estimulan el sistema inmunológico y otros mecanismos de defensa del cuerpo

  • renuevan la microflora intestinal durante y después del tratamiento con antibióticos

  • ayudan a la prevención y tratamiento del extreñimiento y la diarrea

  • moderan los síntomas de las enfermedades cutáneas (varios eccemas, incluyendo el eccema atípico, acné, etc.)

  • mejoran los signos de alegia a los alimentos (también hacia futuras alergias)

  • protegen de las enfermedades e infecciones al entrar en contacto con grupos de niños.

- Prof. Doctor en Ciencias Naturales Catarina Horák, DrSc.

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Decidí tomar Colonix porque me lo recomendó una amiga para limpiarme internamente. sí que hay determinadas comidas que me dan dolor de estómago. De todos los efectos positivos que ha tenido Colonix sobre todo destacaría que me ha limpiado muy bien el estómago, ya que ciertas comidas que antes no podía comer porque me sentaban muy mal, ahora sí puedo tomarlas. Al mismo tiempo, al sentirme más limpia por dentro, mi propio cuerpo me pide menos comidas de este tipo y por el contrario me apetecen comidas más sanas. a la segunda semana sí que hizo efecto, de hecho iba unas cuatro ó hasta cinco veces al baño al día. Con Colonix no tienes que hacer ninguna dieta especial, puedes comer igual que siempre, lo único que es importante es beber mucha agua. Algo que yo no esperaba es que la piel me ha quedado más limpia, está más luminosa y tiene más brillo. Al igual que mi pelo, que ahora se me cae mucho menos que antes. Otra de las ventajas que ha tenido Colonix es que he adelgazado en el mes que lo he tomado unos dos kilos.
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